miércoles, 14 de enero de 2009

La Candelaria mueve sus cimientos


Con su estreno, A título personal, la compañía de teatro más estable del país se burla de sí misma y se mete en el territorio del video.



Sin un hilo conductor ni una cronología en la historia, sin personajes preponderantes y sin una temática única y directa, el Teatro La Candelaria se lanza al vacío con un experimento que, de cierta forma, rebasa sus antiguas exploraciones.


"La Candelaria se atrevió a fracasar con A título personal. No hicimos lo que sabemos hacer. Quisimos enfrentarnos a nuevos lenguajes. Todo habría podido salir mal", comenta César Badillo (La sombra del caminante), el emblemático actor del colectivo teatral más estable de Colombia.

El montaje tiene un elemento inédito en el grupo: el video, al cual la agrupación había tenido cierta resistencia. Con él, La Candelaria se sirve para hablar de los múltiples 'yo' que tenemos adentro. Entabla diálogos o enfrentamientos entre ese personaje que aparece en pantalla y el que está en escena, con quien comparte el mismo rostro. Son videos austeros, de tipo casero, que impulsan la idea de que la obra está 'contaminada' por las percepciones de cada uno de los personajes.


"El video responde a la exploración de un lenguaje menos unitario -agrega Badillo-. Eso en la dramaturgia se traduce en que no haya personajes, sino entidades que entran y salen. Y en que no haya una línea de acción dramática continua. Siempre hay un rompimiento. No hay un principio, un desarrollo y un final. No se sabe si la obra se acaba o no se acaba".

Algo que no es una novedad para algunos grupos nacionales, pero sí para La Candelaria, acostumbrada a narraciones más formales y racionales.


El tema inicial fue la física cuántica y lo imposible que es probar el misterio de la vida. Y con esos dos vinieron de la mano la fragilidad y el 'yo y el otro'. Cada actor desarrolló su propia pequeña historia. La idea era mirar qué elementos de autorreferencia podían volverse arte. A veces sin voz, solo con música o con baile. A veces planteando una sensación o un sentimiento. "Más que para interpretar, esta es una obra para sentir", comenta el actor, que lleva 27 años en La Candelaria.


Santiago García no jugó el papel de un director clásico, sino que fue, como lo define Badillo, "un incitador". Se metió poco en la puesta en escena. Solo ajustó detalles diez días antes de la apertura de la obra. Y creó un papel de payaso muy pequeño para sí mismo.


En A título personal quedan en evidencia no solo planteamientos personales de cada actor, sino de La Candelaria como grupo. Y es ahí donde el humor empieza a hacerse presente en la pieza. Se escuchan frases como "¡La Candelaria está en crisis!" o algo así como "¡Este montón de tarros viejos ya no sirven!", refiriéndose a las luces.


Y sí, dice Badillo, que la obra es también sobre lo que significan los 42 años de historia de La Candelaria: "Eso es muy fuerte. Es reconocer los cambios que ha tenido el grupo. Sus signos de envejecimiento, que son inevitables. Pero tomándolos con humor y con juego". Tanto ha cambiado que ya no están importantes pilares como Fernando Peñuela, que duró 38 años. Y tanto ha cambiado que Badillo plantea la necesidad de que los actores puedan renovarse, como él, saliendo y entrando del grupo.


A título personal es, en palabras de Badillo, una forma de destruir lo que La Candelaria había institucionalizado: "La movida es cómo tumbar esas estructuras y volverlas a armar. Esa es la actitud del artista: reventar sus propios esquemas. Y eso es lo que ha pasado en los últimos seis años de La Candelaria. Eso es lo que la mantiene viva".

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